A veces las buenas ideas trascienden de una mera aplicación directa… Esto se puede deducir de la discoteca Watt, que lleva un año funcionando en Rotterdam.

La idea consiste en aprovechar la energía que genera el movimiento de los bailarines para abastecer las necesidades de iluminación de la discoteca. La pista está conformada por paneles que se mueven de manera ascendente y descendente según el movimiento que se les imprime y el peso de quien lo hace.

Los movimientos de la superficie activan mediante varillas un sistema de dínamos especialmente diseñados, ubicados debajo del piso y que son los encargados finales de transformar el movimiento (energía mecánica) en electricidad (energía eléctrica). Con esa electricidad se iluminan los paneles de la pista.

La propuesta también incluye otras medidas ecológicas como el uso de vasos reciclables, LEDS… Con el fin de economizar al máximo los recursos.

Watt logra implementando sistemas sustentables ahorrar un 30% de energía de consumo, 50% en consumo de agua, un 30% en reducción de emisiones de CO2 y reduce los desechos en un 50% del total

Sin embargo, nos llama especialmente la atención el medidor de energía situado en las pistas con el fin de que la persona que está bailando sea consciente y perciba la cantidad  de energía que genera. Aquí entra de lleno el discurso ecológico de que la mejor forma de ahorro energético es la responsabilidad en el consumo, y de que el edificio “sano” es aquel que consume poco, y no aquel que genera mucha energía. Esto pasa por que cada uno sea consciente de sus “gastos”, y el hecho de poder percibirlos es una buena forma de educarnos a todos,  que finalmente somo los máximos responsables.

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